martes, 2 de diciembre de 2014

Cuando se pierde el sentido del gusto

Algunas personas prefieren las comidas dulces, mientras que a otras se les hace agua la boca una pasta con salsa. Apreciar distintos tipos de alimentos es común, pero las alteraciones de sabor muy significativas podrían representar alguna enfermedad. A veces, por distintos motivos, la transferencia de sensaciones de sabor al cerebro se interrumpe o cambia, cambiando la manera como la lengua interpreta los sabores. Cuando esto ocurre, la persona puede tener diferentes sensaciones al poner una comida en la boca, que van desde una distorsión del gusto hasta una pérdida completa del sentido del sabor.









El gusto es uno de los cinco sentidos de nuestro cuerpo, que se suma al tacto, la vista, el oído y el olfato. Para sentir distintos sabores, la lengua cuenta con alrededor de 10 mil papilas gustativas, que se conectan al cerebro y envían las sensaciones de las comidas. Las papilas están ubicadas en distintas zonas de la lengua y, de acuerdo con esas zonas, cada parte de ella es capaz de detectar uno de los sabores básicos: dulce, salado, ácido o amargo.
Algunas enfermedades pueden causar una alteración en estas papilas, conllevando a las alteraciones de sabor o a la pérdida del gusto. La dificultad de sentir los sabores es llamada hipogeusia, mientras que la enfermedad caracterizada por la incapacidad de detectar cualquier sabor se llama ageusia. Seguramente, la pérdida total del gusto es rara; normalmente, es un reflejo de la pérdida del olfato, lo que a menudo es confundido con la pérdida del gusto.
Estas alteraciones generalmente son causadas por la enfermedad de reflujo gastrointestinal, infección de las glándulas salivales, la sinusitis , la mala higiene dental, o incluso algunos medicamentos. Normalmente, el sabor no se pierde por completo, pero se deteriora, lo que resulta en un sabor desagradable en la boca. Los problemas del gusto pueden ser causados por cualquier factor que interrumpa la transferencia de sensaciones de sabor al cerebro o por enfermedades que afectan la forma en que el cerebro interpreta estas sensaciones.
El reflujo gástrico es una causa común. El ácido del estómago regurgita en la boca, produciendo un sabor descrito como ácido o metálico. Otras causas comunes incluyen la parotiditis, un crecimiento excesivo de microorganismos en las glándulas salivales. La mala higiene dental también puede estimular el crecimiento de bacterias en la boca, alterando el gusto.
Por eso, si no disfrutas comer tu dulce favorito como antes, o sientes la necesidad de poner más sal o azúcar en lo que consumes, es importante asistir a un experto para evaluar si tienes alguna alteración de gusto. Además, mantén una buena higiene bucal para evitar este y otros males. 

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